miércoles, 13 de mayo de 2026

 

LAS SACAS Y LOS PASEOS


El "Terror Caliente" fue inseparablemente unido al verano y otoño de 1936. Este tipo de terror, simbolizado por las "Sacas", "paseos" y asesinatos masivos sirvió en los dos bando para eliminar a sus respectivos enemigos (Santos Juliá, 1999:159) Durante la Guerra Civil y el franquismo, a las personas consideradas “no adeptos al régimen”: por sus ideas, por militar en partidos o sindicatos, por ser progresista, y muchos otros, simplemente porque alguien lo denunciaba por conflictos múltiples (tierras, lindes, mujeres, ganado, “furtiveo” o rencillas personales); eran encarcelados en lugares improvisados e inmundos (en mi pueblo: Almonte, la cárcel era un lugar abandonado, húmedo, sin servicios; que hoy es un local del ayuntamiento, la “Casa del Agricultor”, en la esquina entre la calle Alcantarilla y Martín Villa, hay mayor paradoja); encarcelaban a las personas que durante el “terror caliente” del franquismo y la dictadura, las autoridades locales (ayuntamiento, guardia civil y los falangistas), consideraron no aptos, peligrosos o izquierdistas, a simplemente no adeptos al nuevo régimen. Con un control local del ayuntamiento que informaba a la Comandancia de Haro Lumbrera en Huelva. 

Este lugar de Almonte, no fue el único, era pequeño e inadecuado, estuvieron hacinados más de 20 personas, entre ellas mi abuelo Isidro Fernández Cordero y el resto de compañeros y una compañera, Frasquita “La Charamusca”, que los “sacaron”, en las noches del 2 al 5 de septiembre del 1936, en un camión viejo y rengueante, cubierto con una lona gris, que solo permitía ver algo de luz por algunas rendijas y agujeros. Era un camión municipal que se utilizó durante estos primeros días del golpe para trasladar a los presos a los diferentes pueblos vecinos para su fusilamiento. Siempre contaron con gente que se ofrecían para apretar el gatillo por una miseria y por ideología.

Alguna gente que los vieron pasar a estos camiones, lo contaron al principio de la democracia, como se sorprendían de la tragedia, pero nadie decía nada, unos por temor a represalias y otros por considerar adecuado aquella matanza indiscriminada. Todo se hacía fuera de la legalidad y en aplicación de un bando de guerra, ilegal. Los primeros que mataron en Almonte fueron gente de campo y gente pobre, que algunos de ellos, no se habían significados políticamente, ni se enteraron de las circunstancias políticas del momento. Doce personas, según las últimas investigaciones, fueron fusilados en el cementerio de Hinojos, algunos dicen que también los mataron en los pinares de Hinojos, aunque sus cuerpos fueron enterrados en la fosa común del Cementerio. No hay ninguna evidencia de estos hechos.

Otro espacio utilizado en Almonte como cárcel provisional, fue el patio del colegio de niños situado entre las calles Niebla y Rector Martín Villa. Muy cerca de la anterior. La fotografía siguiente, se cree que fue realizada por un fotógrafo de Rociana, es posible que se realizara antes del 6 de agosto de 1936, ya que el 6 de agosto, fusilaron a 5 personas de ésta fotografía, en el cementerio de Rociana del Condado.

En la noche del 7 al 8 de septiembre, “sacaron” a siete personas de la cárcel improvisada y lo llevaron al cementerio de Bonares donde fueron fusilados. El padre de Juan de los Santos Rivero fue a llevarle comida, como cada día, cuando la mañana del 8 de septiembre, le dieron la noticia: a su hijo lo habían fusilado la noche anterior. Juan de los Santos (delante y sentado), antes de subir al camión, insistió en quitarse la chaqueta y la camisa para que se la entregaran a su familia. Se la entregaron a su padre, aquella mañana fatídica del 8 de septiembre. Ya en casa, registraron la chaqueta, ellos intuían que su hijo Juan, algo les quería comunicar. Encontraron la fotografía siguiente, muy bien doblada por la mitad. No sabemos quien le devolvió la chaqueta a la familia1.



Andrés Borrero Coronel, 33 años, fusilado el 7 septiembre 1936 en Bonares; Fabián Coronel Pérez, 16 años, El Coquito, en Almonte; Antonio Rodríguez Rivero, 29 años, fusilado el 16 de agosto de 1936 en Almonte. Recovero; Manuel Medina Díaz, a los 21 años, el 7 de septiembre de 1936 en Bonares, Niño Me. Sentado; Juan de los Santos Rivero, 26 años, fusilado en 7 o 8 de septiembre de 1936, en Bonares. El Mono. Sentado; Cristóbal Sánchez Báñez, el 7 de septiembre de 1936 en Bonares. El de la Dolla; Francisco Cuenca Acosta, el 9 de septiembre de 1936 en Bonares. Almeja; Joaquín Morales Varela, 53 años, fusilado el 8 de septiembre de 1936 en Bonares, Concejal; Fabián Pelayo Villaran, 21 años, parece que era rubio y con el pelo rizado; Leoncio Espinosa Colino, 47 años, fusilado el 9 de septiembre de 1936 en Hinojos. Concejal y Joaquín Díaz Millán, de 32 años, fusilado el 9 de septiembre de 1936 en Hinojos. Concejal).

En mi pueblo, las primeras “sacas” se realizaron en agosto con destino al cementerio Rociana, donde fusilaron a ocho personas, enterrándolas en una fosa común, que aún permanece sin abrir, ya que el Ayuntamiento de Rociana, del Partido Popular en la actualidad, ha rechazado dos subvenciones del Gobierno de España para la exhumación: Una en 2023 y otra de 13,200 euros en 2025. El Mapa de fosas indica que hay una única fosa en el cementerio de la localidad, situado a los pies de la carretera a Niebla, con unos 111 asesinados pertenecientes a los pueblos del entorno. Los fusilamientos se produjeron en uno de los muros exteriores del propio cementerio.

La segunda “Saca” de ocho personas de la fotografía, fueron llevadas al cementerio de Bonares y fusiladas la noche del 7 al 8 de septiembre. En algunas de las personas que fusilaron en Bonares, no tenemos la fecha concreta, pero, dada la sistemática de las sacas y la metodología seguida en los asesinatos, pensamos que las fechas están cercanas a las enunciadas. En la actualidad el Ayuntamiento de Bonares ha exhumado la fosa y está pendiente de realizar las pruebas cruzadas de ADN para la identificación definitiva de los restos. Este Ayuntamiento, en la primera legislatura democrática, siendo alcalde Juan Coronel, ya se dignificó la fosa, se identificó y se puso una placa conmemorativa en recuerdo de los fusilados de la población y de los que se encontraban de otros municipios.

Y la tercera, se hizo al cementerio de Hinojos, otra población cercana a Almonte, fusilaron en septiembre 12 personas, siendo el 3 de septiembre el día que más fusilaron: 5 hombres. El 2 de setiembre: Martín Camacho, Juan y Rodríguez Soltero, Antonio; el 3 de septiembre: Acevedo Salguero, Francisco; Audén Peláez, Martín; Espina Cabrera, Alfonso; Medina Martínez, José y Trigueros Cáceres, Juan; el 4 de septiembre: Domínguez Valladolid, Manuel y Fernández Cordero, Isidro (casualmente vivían los dos en la aldea de El Rocío) y el 5 de septiembre: Cabrera Rodríguez, Francisca (única mujer fusilada en Almonte) y Ramos Peláez, Manuel y el 9 de septiembre: Díaz Millán, Joaquín. Este Ayuntamiento, a pesar de las múltiples peticiones de los familiares y las denuncias al Defensor del Pueblo Andaluz, no permitió ninguna cata ni exhumación, gobernando los socialistas e Izquierda Unida, hasta que en la última legislatura, con gobierno socialista, nos autorizan una cata cerca de la capilla, aunque tengo la impresión, que ya ellos conocían que allí no había nada, como después se confirmó. En la actualidad gobierna el PP. Hay que volver a solicitar las catas después de la nueva información obtenida. 

En el eje Almonte–Condado de Huelva (Almonte, Hinojos, Bonares, Rociana del Condado, Niebla y Bollullos Par del Condado), la represión tras julio de 1936 generó circuitos intermunicipales cortos pero muy funcionales, insertos en la rápida ocupación de la provincia de Huelva durante la Guerra Civil Española. Las decisiones de a quién se fusilaba, dónde y cuándo era programado de forma sistemática por las autoridades locales y provinciales. No fueron rutas únicas ni invariables, pero respondían a patrones recurrentes que combinaban la proximidad geográfica, la jerarquía administrativa y la política del terror.

Esta forma de actuar, respondía a una lógica de deslocalización, para evitar el impacto emocional directo (los verdugos locales no siempre querían fusilar a sus propios vecinos, que incluso conocían), diluir responsabilidades, de esta forma se creaba una red de silencios y complicidades compartidas e implantar una lógica del terror, ya que las cercanías de los pueblos permitía traslados rápidos en camiones, sin necesitar muchos despliegues militares, utilizando carreteras o caminos locales como arterias de “limpieza” política.

Esta estrategia reduce la presión de la comunidad o de la familia de los presos o fusilados y disminuye el coste y el señalamiento de los asesinos o verdugos. Se elegían escenarios “discretos”, se hacían en la madrugada y en pinares, caminos o en las tapias de los cementerios, que normalmente están alejados de los núcleos de población. En concreto, en el caso de Almonte, al ser un municipio tan amplio, permite deslocalizar la violencia. Se estandarizaba los prácticas (de hecho en toda Andalucía Occidental se hizo de forma parecida, con escasas variaciones locales. Todo esto ayudaba a dificultar el velatorio y la recuperación del cuerpo, con lo que la familia solo podía llorar en la intimidad de la casa, las incertidumbres de las familias eran muy prolongadas, de hecho, aún, después de 90 años de la Guerra Civil, muchos cuerpos han desaparecidos en osarios o siguen en fosas comunes. Nadie respondió de ellos.

¿Para qué se fusilaba? Se lograba desarticular redes locales con listas de “elementos peligrosos” (lideres políticos, militantes, comunistas, miembros de las Casas del Pueblo, sindicalistas) y se rompía la posible solidaridad que pudiera existir en los pueblos pequeños; esta movilidad de presos, da un mensaje de terror y vigilancia en todos los pueblos, esta información corre rápidamente, haciendo que el rumor y el miedo se impongan. Casanova y Espinosa han estudiado e interpretado estos circuitos como dispositivos de represión que combinan la eficacia de la logística, que cumplió su objetivo con rapidez, efecto simbólico en la población y configuración duradera del poder, el miedo paralizante duró décadas. Todo esto demuestra que la represión no fue descontrolada, sino una estrategia perfectamente planificada en el control territorial.

El terror “caliente”, como plantea Julián Casanova (Casanova, 2013:36-41)2 en su libro “España partida en dos. Breve historia de la Guerra Civil Española”, se desarrolló con más crueldad en los primeros meses del golpe de Estado, que después se enfrió, y se pasó al terror “legal”, desde comienzos de 1937. Aunque él habla de los dos bandos(?), hay ejemplos y diferencias importantes. El Ángel Rojo (Melchor Rodríguez García), fue nombrado por el Ministro de Justicia, responsable de las cárceles de Madrid en el período más difícil de la Guerra Civil. En ese puesto, en poco tiempo, detuvo las sacas y los paseos, se detuvo los fusilamientos indiscriminados en la retaguardia republicana3.Salvó de una muerte segura a miles de personas durante la guerra civil española. En Almonte, y en muchos pueblos del Condado de Huelva, no hubo dos bandos, los asesinados y represaliados eran solo del bando republicano y los sublevados hicieron a sus anchas y asesinaron a cientos de personas.

Conviene definir estos conceptos: Las “sacas” y los “paseos” constituyen dos prácticas represivas clave en la violencia política de la Guerra Civil Española (1936–1939) y en la inmediata posguerra bajo la dictadura de Francisco Franco. Aunque comparten rasgos —extrajudicialidad, arbitrariedad, y uso del terror como herramienta política—, conviene diferenciarlas analítica y conceptualmente.

Las sacas eran extracciones colectivas de presos desde cárceles, checas o centros de detención, generalmente durante la noche, con el pretexto de traslados a cementerios u otros lugares para fusilarlos o los menos, para liberarlos. En realidad, muchos de los detenidos eran conducidos a su ejecución sin juicio. Estas “sacas” tienen carácter colectivo, en listas de varias personas, en las cárceles improvisadas en los pueblos, hasta decenas o centenares de presos, dependía de la envergadura de la cárcel. La organización era también variable, en la zona sublevada lo hacían las fuerzas de orden público, los falangistas voluntarios de la localidad o vecinos que se apuntaban por un mísero jornal (más unas pesetas, un litro de vino y los beneficios del régimen para él y su familia: esto le pagaron el que fusiló a mi abuelo Isidro y a Manuel Domínguez. “A Isidro, lo mato yo”, estas fueron las palabras de “El Gato” antes de disparar); también se organizaban milicias o comités revolucionarios.

Los “paseos”: se usaba el término “dar el paseo” se eludían a ejecuciones extrajudiciales individuales o de pequeños grupos. Esto era muy frecuente en las poblaciones pequeñas, se sacaba a las víctimas “a pasear” y se les asesinaba en las cunetas, descampados o tapias del cementerios. Es una forma de ocultar la violencia. Muy frecuente y extendida durante la guerra, pero especialmente sistematizada en la represión franquista posterior.

Nos referimos al terror oficial, legitimado y aceptado desde arriba. A esto se suma un terror salvaje e indiscriminado desde abajo, donde se mezclan venganzas personales, la ambición por las tierras y bienes de los otros y todo tipo de miserias humanas. Aunque hay actuaciones individuales al margen de la ley, tribunal o norma; este terror individual forma parte de un plan global, con plena y total tolerancia de los jefes militares. Según José María García Márquez, no se fusilaba a nadie sin el visto bueno y la autorización de las autoridades locales, provinciales o de las comandancias militares. De las “rencillas” personales se ha hablado mucho durante la dictadura para confundir a la población. En muchos casos, cientos o miles, Franco firmada el “entrado” antes del fusilamiento.

La idea que la represión era una operación quirúrgica, dolorosa, pero necesaria para “salvar” a la patria, fue asumida y justificada por los fascistas (Arnabat,2013:54)4 por el clero y mucha población civil poco ilustrada. Lo podemos comprobar en las practicas del psiquiatra militar, Antonio Vallejo-Nágera, que dedujo de sus estudios sobre los prisioneros republicanos que los “rojos” eran inferiores intelectualmente, individuos degenerados, y las “rojas” eran, además de degeneradas, “feas y bajas”. Vallejo-Nágera es el inspirador intelectual del gran negocio de los niños robados por el franquismo, en el cual unos 30.000 niños y niñas fueron separados de sus madres y entregados a personas afines al régimen franquista 5

Las sacas y paseos, durante la guerra, debido al colapso del Estado, y a la proliferación de los poderes locales, poco controlados, se produce una violencia espontánea en la zona republicana, dirigidas contra el clero, los terratenientes y a simpatizantes del golpe. En la zona sublevada, por el contrario, se ejerce desde el principio, una mayor represión planificada, con el objetivo de eliminación sistemática del adversario político, con sacas y paseos frecuentes, acompañados de consejos de guerra sumarísimos, o simplemente, en aplicación de bando de guerra ilegal.

Después de la guerra, una vez ganada, la violencia deja de ser caótica y pasa a ser institucionalizada, combinando: ejecuciones legales, tras consejos de guerras, muchos de ellos sin garantías procesales, y ejecuciones extrajudiciales, siguen los “paseos”, aunque disminuyen o se hacen menos visibles las “sacas”, aunque continua la lógica de la eliminación selectiva.

Esta manera de actuar, persigue una función política y social: eliminación del enemigo, desarticulación física de organizaciones políticas, sindicales y culturales, generar miedo en la población (los cadáveres quedaban tirados en las calles durante dos o tres días), disuadir cualquier forma de resistencia, control social a través de denuncias y delaciones, limpieza ideológica durante el franquismo. Las “sacas” y “paseos” fueron especialmente intensas en Andalucía, Extremadura (con la matanza de la plaza de toros de Badajoz), Castilla, con miles de ejecuciones por el franquismo. En Madrid y Barcelona, también apareció una violencia inicial. Todo esto implicabas un cierto mecanismo de normalización de la violencia. Autores como Paul Preston o Santos Juliá han subrayado en múltiples publicaciones, a asimetría en la represión, con mayor sistematicidad en las filas franquistas.

Si nos centramos en Andalucía Occidental (Sevilla, Huelva, Cádiz y Córdoba) la dinámica de las sacas y paseos se hacen de forma precoz, intensa y con una marcada direccionalidad política desde el golpe de Estado en 1936. En esta zona se realiza una rápida y cruel control de la población por los sublevados, que le permitió a Queipo de Llano, ejercer una represión temprana, planificada y ejemplarizante, sin ningún tipo de control.

En el caso de Sevilla, que cae en los primeros días del golpe, se convierte en un centro simbólico y logístico de la represión, coordinado por Queipo. Predominan los paseos en los primeros meses con ejecuciones nocturnas en cunetas y cementerios y se realizan detecciones preventivas con sacas selectivas de las cárceles (Ejemplo la cárcel de Ranilla). Los lugares claves de fusilamientos fueron las tapias del cementerio de San Fernando (López Fernández,2014:88)6, tanto José Díaz Arriaza, con su libro Un rojo amanecer. El cementerio de San Fernando de Sevilla durante la Guerra Civil y la posguerra, donde estudia de forma pormenorizada las fosas comunes del cementerio (según él en número de cinco) y el papel de la tapias del cementerio que desde el 22 de julio se convirtió en un lugar de fusilamiento escogido por los golpistas; y, José María García Márquez, el 19 de julio se alteró el trabajo de enterramiento por la huelga de los enterradores, que el falangista Joaquín Tessara, fue a visitarlo y tras la amenaza de muerte, se normalizó el enterramiento. Día Arriaza comenta que el interés de los sublevados era ocultar los cadáveres cuanto antes7.Perdieron la vida miles de personas de Sevilla y provincia, y de trece provincias más. La Junta de Andalucía declaró las tapias del cementerio como Lugar de Memoria Histórica, según el Decreto 264/2011, de 2 de agosto.

Otros lugares de fusilamiento en Sevilla fueron: Kilómetro 4 de la Carretera de Carmona, la noche del 10 al 11 de agosto, un grupo de señoritos derechistas de Sevilla, quieren celebrar el aniversario del golpe fallido de Sanjurjo en 1932 (Ortiz Villalba, 2006:343)8, y “sacan” de la cárcel improvisada del cine Jáuregui, a Blas Infante, “padre de la patria andaluza”; Manuel Jiménez Barrios, diputado socialista por Sevilla; José González y Fernández de Labandera, médico y exalcalde de Sevilla; Emilio Barbero Núñez, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Sevilla, y Fermín de Zayas Madera, Secretario de la Gran Logia Regional del Mediodía de España y miembro de Unión Republicana (Díaz Pérez, 2014:96) 9

Las murallas de la Macarena, que según Ortiz Villalba, aparece un listado de 30 personas fusiladas en la muralla, cotejadas por el libro de Registro Civil de Sevilla y comprobada su entrada en el registro del cementerio de San Fernando. También asesinaron a once personas de la Columna Minera, entre otros10. Además, otros lugares fueron: Las Palmillas, carretera de Cádiz, carretera de Miraflores, el fielato de la Cruz del Campo, en las inmediaciones del Tamarguillo, Parque María Luisa, las tapias de la Junta de Obras del Puerto, en Amate cerca de la Carretera Carmona, fusilaron a 11 mineros, en Ciudad Jardín fusilaron a 11 mineros; a la salida de la Calle Pagés del Corro, fusilaron a 11mineros de la Columna Minera, y los 23 restantes en la Pañoleta, divididos en dos grupos, uno de 12 fusilados de San Juan del Puerto y 11 de Nerva, Riotinto y Valverde del Camino (López, 2014:110), etc.

En Cádiz, tenían el objetivo del control portuario, al considérarla como una provincia estratégica, aunque se encontraba fragmentada: con control temprano de Cádiz capital y Algeciras, y múltiples resistencias en las zonas rurales. Los paseos eran de pequeños grupos o individuales y las sacas poco documentadas, aunque masivas en Jerez y el Puerto de Santa María. Las ejecuciones se llevaban a cabo en tapias de cementerios, cunetas y la singularidad de la zona portuaria, con desapariciones de cuerpos. El terror se usa para asegurar rutas marítimas y comerciales.

En el caso de Córdoba, se produce una violencia mixta, ya que la capital estaba en manos de los sublevados y el norte de la provincia (Los Pedroches y la zona minera) con bastante presencia republicana. Las modalidades de ejecución, son semejantes a otras provincias, con paseos sistemáticos en las zonas controladas por los sublevados desde el inicio del golpe, con ejecuciones extrajudiciales y algún consejo de guerra. Lugares destacados el cementerio de San Rafael en Córdoba, que se está exhumando la fosa y en caminos, cunetas, fincas y tapias de cementerios de múltiples localidades. Se produjo una represión muy prolongada, más allá de 1939.

En el caso de Huelva, las sacas y paseos fueron de alta intensidad y sistemáticos, con ejecuciones colectivas tras detenciones masivas. La represión rural fue muy intensa, concretamente en la Cuenca Minera, como había gran implantación de organizaciones obreras, la represión fue muy fuerte. Se eliminaron a los líderes sindicales y a los trabajadores politizados y no politizados (en el caso de Almonte, se eliminaron a mucha gente del campo no politizada). Las listas fueron elaboradas con información local y aparentes denuncias o delaciones de vecinos por diversos motivos, aunque siempre con la aprobación de la autoridad militar; los cuerpos eran sacados o paseados, fusilados y abandonados los cuerpos en fosas comunes rurales. La intensidad de la represión fue muy alta y se ejerció una represión rural y obrera sistemática y muy activa.

Según las interpretaciones historiográficas más recientes en Andalucía Occidental (Francisco Espinosa Maestre, José María García Márquez, Fernando Romero, José Luis Gutiérrez, Francisco Moreno, Juan Ortiz Villalba) la represión fue una estrategia perfectamente diseñada, con intencionalidad de aniquilación social y política, aplicando una tecnología sutil del terror y con intención de reconfiguración social. Andalucía se convirtió en el epicentro más intenso de la represión en toda España tras la Guerra Civil. En estas poblaciones las sacas y paseos fueron la estructura central en la construcción del nuevo orden franquista.

Según Arrabat (Arrabat, 2013:58-59)11, en su artículo en los Cuadernos de Historia, existe una cosmovisión –antes oficial y hoy nostálgica– y una determinada o falsa memoria sobre la Guerra Civil española y la dictadura franquista que tienden a infravalorar o, al menos, relativizar, los procesos de violencia política desarrollados durante ambas, con el objetivo de no considerar la represión franquista como el basamento de la larga duración del régimen dictatorial.

Paul Preston (Preston,1997:85-86)12 plantea que la afirmación de que los problemas políticos se resuelven más eficazmente por la violencia es un lugar común en la presentación de la historia y la literatura española. La idea de las dos Españas era habitual en el siglo XX (Tenemos la genialidad de la visión de Goya y su Duelo a Garrotazos dentro de sus pinturas negras, en 1820-1823). Una historia de lucha entre católicos y liberales; entre la tradición y lo moderno; entre la “hispanidad” y el europeísmo o entre lo ortodoxo y lo heterodoxo.

La propaganda franquista ha llegado a nuestros días, con mucha fuerza y ampliada por los partidos de derecha y extrema derecha, que nunca han cuestionado ni la Guerra Civil ni el franquismo, han llenado las redes y los medios de campañas de violencia política en el mejor estilo franquista. Ellos, y una parte importante de la sociedad civil, aún piensan que la violencia política fue un acto “sanador”, “necesario” y “justificado”. Violencia con la bendición eclesiástica que recibió del propio Papa Pio XII en 1939, recién elegido papa: “Levantando nuestro corazón al Señor agradecemos sinceramente a Vuestra Excelencia la deseada victoria católica en España (Preston, 1997:87. Esta bendición eclesiástica recibida durante la guerra civil y la dictadura, no ha sido más que un apoyo a la lucha de de Ciudad de dios y los sin dios que configuraban la anti-España.

Cada día disponemos de investigaciones más exhaustivas que, partiendo de investigaciones locales y comarcales, del intento del juez Baltasar Garzón, de los esfuerzos de los gobiernos socialistas de Zapatero y Sánchez por avanzar en la memoria de la represión, podemos tener una idea más aproximada de los aspectos cuantitativos y cualitativos de la represión franquista: más de 152.000 fusilados; más de 30.000 desaparecidos; más de 500.000 de internos en campos de concentración, obligados a realizar trabajo esclavo (según la investigación de El Canal de los Presos en Sevilla, más de 2.500 presos estuvieron desde 1940 hasta 1957 en los campamentos del Bajo Guadalquivir)13; más de 300.000 personas en las cárceles; las miles de personas exiliadas; los batallones disciplinarios durante la postguerra; el robo de más de 32.000 niños y niñas de madres republicanas; así como, la depuración en los maestros y maestros, los médicos (según el trabajo de Luceño) y miles de funcionarios depurados.

Los vencedores de la Guerra Civil fueron crueles con los derrotados, durante los tres años de guerra como durante toda la dictadura que duró hasta 1975, a través de los Tribunales Militares, los Tribunales de Orden Público, los de Responsabilidades Políticas, los de la Represión de la Masonería y el Comunismo, con la Causa General, con la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes, etc. La brutal e intensa crueldad aplicada por los vencedores en los territorios que iban dominando, nos da a entender la larga permanencia del régimen.

Hoy, los movimientos memorialistas y los escasos avances realizados en las Comunidades Autónomas que no gobiernan la derecha y la extrema derecha, donde las leyes de Memoria han sido anuladas, no queremos olvidar a los “vencidos”. Como dice Martín Pallín:Llegó un momento en el que los nietos comenzaron a escuchar el silencio de sus padres y decidieron devolver la dignidad a los que habían vistos en fotos de familia, desvaídas por el tiempo, sin conocer una realidad que intuían disimulada o escondida” (Martín Pallín y Escudero,2008:17)14

1Rodríguez Borrero, M: La Represión de la dictadura franquista entre 1936 y 1950. Aproximación y guía de trabajo. Ayuntamiento de Almonte. Pág. 27 2005

2Casanova, J: España partida en dos. Breve historia de la Guerra Civil Española. Págs: 36-41. Editorial Crítica. 2013. Barcelona.

3Jiménez Sánchez, R y Cochet, M: El Ángel Rojo. Cascaborra Ediciones. Págs 5 y 18. Madrid. 2023.

4Arnabat Mata, R: La represión: El ADN del franquismo español. Cuadernos de Historia, 39. Pág. 54. 2013

5Vinyes, R: Los niños perdidos del franquismo. Plaza y Janés. 2002. Barcelona.

6López Fernández, R: Las tapias del cementerio de Sevilla. Lugares de Memoria. Golpe militar, represión y resistencia en Sevilla. Editorial Aconcagua. Págs. 87-93. AMHYJA. 2014 Sevilla.

7Díaz Arriaza, J: Un rojo amanecer. El cementerio de San Fernando de Sevilla durante la Guerra Civil y la posguerra. Ayuntamiento de Sevilla. Patronato del Real Alcázar. Pág. 9. 2011

8Ortiz Villalba, J: Del golpe militar a la Guerra Civil. Sevilla 1936. Rd Editores, Pág. 343. Sevilla

9Díaz Pérez, E: La saca de la venganza. Km. 4 de la carretera Carmona. En Lugares de Memoria. Golpe militar, represión y resistencia en Sevilla. Editorial Aconcagua. Págs. 95-100. AMHYJA. 2014 Sevilla.

10Maqueda, F; Las murallas de la Macarena. En Lugares de Memoria. Golpe militar, represión y resistencia en Sevilla. Editorial Aconcagua. Págs. 182-184. AMHYJA. 2014 Sevilla.

11Arnabat Mata, R: La represión: El ADN del franquismo español. Cuadernos de Historia, 39. Pág. 54. 2013

12Preston,P: Venganza y reconciliación: La guerra civil española y la Memoria Histórica. En la política de la venganza. El fascismo y el militarismo en la España del Siglo XX. Págs. 85-86. Editorial Península. 1997. Barcelona.

13Acosta Bono, G; Gutiérrez Molina, JL; Martínez Macías, L y del Río Sánchez, A: Quiénes eren los presos. Pág.173. Edit. Crítica. En el Canal de los Presos (1940-1962) 2004. Barcelona.

14Martín Pallín, JA y Escudero, R: Derecho y memoria histórica. Editorial Trotta. Pág 17. 2008. Madrid.

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